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jueves, 3 de marzo de 2011

“Amor eterno e inolvidable…”





I'm not a woman
I'm not a man
I am something that U'll never understand 
I'll never beat U 
I'll never lie 
i would die for you - Prince[1]



En memoria de Yair





México es un país de un sincretismo sociocultural delirante y muy manoseado por intereses particulares que rara vez representan la colectividad.  Por un lado nuestro país de machotes [1] ocupa el segundo lugar en la lista de naciones con un alto número de asesinatos a homosexuales[2] y a la par, por décadas, ha adorado a – El Divo de Juárez -  Tótem que impronta la cultura popular mexicana, la resignifica e internacionaliza.   “Juan Gabriel”, el ídolo,  un hombre con la entereza de ser no sólo un gay que sobrevive a una sociedad machista homofófica sino que emerge sólidamente hasta representar el estado emocional colectivo del mexicano[3].  Como lo expresa de forma contundente  Mauricio Tenorio3 :“Piénsese en él como un personaje conspicuamente afeminado que se planta con todo su garbo, que se entrega en toda su persona, para hacer llorar por su mamá a rotos y catrines en una sociedad de machos [charros homofóbicos enclosetados que se besan en los corrales[4],  de mujeres sumisas y matonas, de narcos y clasemedieros agringados”.


De la figura mediática de “Juan Gabriel” se desprende el personaje creado por el pueblo, el que los acompaña en sus momentos de  júbilo y en los momentos de dolor,  “Juanga”; “El   Divo”, al que respaldada por sincera nobleza la voz del pueblo. Esa voz  lo fortaleció para abrir una brecha que implicaba aniquilar al homofóbico de Raúl Velasco[5], a la paraestatal que representaba el “Tigre Azcárraga” e incluso al clero,  pues tal como es y siempre ha sido,   fue a cantarle las “mañanitas” a la Morena al pie de la Basílica  [6].


Lo que nos lleva a cuestionarnos seriamente ¿seguimos discriminando la homosexualidad en México? ¿Es una discriminación generalizada  ó solo discriminamos a ciertos sectores homosexuales?, ¿de qué sector de la población surgen tantos crímenes y expresiones de odio y en contra de qué sector poblacional se descargan?, ¿estos asesinatos tienen algún significado sociopolítico? Para abordar la incógnita de la discriminación selectiva es fundamental reconocer lo que en la  práctica es posible advertir, la  existencia de resabios anacrónicos fundados en una “incongruente” intolerancia. Sirva de ejemplo las recientes modificaciones a la ley que incluye las sociedades de convivencia[7] que no empatan con una reforma a la Ley del Instituto Mexicano del Seguro Social. Sin cortapisas esto constituye una  expresión discriminatoria que evidencia la “tolerancia” forzada que se emplea como discurso político. 

Foucault[8] narra que en la era de la peste, la inspección debía funcionar sin cesar.  Todos los días se realizaba un censo casa por casa para "verificar" a  los que permanecían  vivos, separarlos de los muertos y arrancarles a  los familiares  enfermos. En base a las listas nominales, eran llamados cada uno a la ventana de sus casas para verificar su estado de salud y todos eran obligados a decir la verdad bajo pena de muerte. Actualmente la Política de la Peste sigue teniendo el mismo efecto censor. Inicialmente se promueven  áreas de "tolerancia" para  lograr que  los “jotos y las tortilleras salgan de sus cuartos oscuros" y  se manifiesten públicamente. La “La Zona Rosa” es ejemplo de ello, un gueto donde la intimidad adquiere tintes de  manifestación  reivindicativa "Aquí estamos y así somos" Lo que no identifica más que a una minoría   y  "caricaturiza" al resto de la población homosexual.  Este fenómeno le permite al Estado esquemas disciplinarios para limitar aún más los “espacios de exclusión", que hacen recordar los espacios de tolerancia en Sullivan,  cuyos habitantes  están estigmatizados por la promiscuidad sexual, la drogadicción y el parasitismo económico lo que los convierte en un blanco fácil de exclusión social y  receptor del resentimiento colectivo. 


Una vez "jotificados"   se les asigna un espacio confuso  y  se socaba su identidad jurídica a través de debatir públicamente sus derechos. Estos procesos se sirven de instituciones moralizantes  para marcar exclusiones. Sin más, es  de todos sabido que los “retrasos” legislativos y la negativa a implementar estas reformas en varios estados de la Republica Mexicana responden a la protección del interés superior del clero, en particular del Católico Romano[9], quien se constituye como fuerza paraestatal que se atribuye facultades de  legislar y sancionar la intimidad de los Sujetos de Derecho, echando mano de  una maquinaria ancestral que  condena y reprime para mantenerlos en gueto, como “comunidad LGTTT”,  a sujetos con/en plena personalidad jurídica, atenta contra ellos, contra las instituciones rectoras de la nación y los degrada al estatus de minoría y en definitiva, como es históricamente su estilo,  atiza en nombre de Dios las expresiones y los crímenes de odio que ejecuta sobre, reitero, Sujetos de Derecho.

Seamos claros, la autonomía y libertad sexual, representan una conquista inalienable de los derechos humanos y el derecho a la intimidad es una de las dimensiones que  debería ser de la más alta significancia en México. Sin embargo es materia de tabloides degradantes[10] que sirven “como el gran espectáculo de la pena pública” y logran desviar la atención. En nuestra sociedad, el homosexual mediáticamente es sujeto a un doble discurso de rechazo y apertura, lo que genera posturas encontradas, que banalizan el entendimiento de la identidad genérica y en ambos “bandos” se recrudecen las  prácticas de intolerancia, discriminación y el odio (Ver Esteban Arce[11])

Resaltando los elementos expresados en los párrafos anteriores, esta disparidad entre las reformas y las normas,  las manifestaciones descaradas de homofobia, el Gran Espectáculo de la Pena Pública y el clero, representan un mecanismo social que lesiona el derecho a la intimidad, confunde, divide  e impide la construcción de una visión nacional de equidad. Ello deja de manifiesto que en México se ha vivido durante décadas un importante vacío legal que permite la discriminación, justifica la práctica y difusión. Esto nos compete como sociedad pues en nuestros días la equidad  no representa prioridad para el Estado,  “lo que se ve, no se juzga12".


¿Qué es lo que representa  “Juanga” para constituirse como un constructo homosexual colectivo a prueba de censura y de clero? ¿Se necesita un “México con los cojones de Alberto Aguilera Valadez[12] para presentarse tal cual es y ser no sólo tolerado sino admirado”3?


Agradezco sus comentarios al respecto de este texto.






  1.  http://www.jornada.unam.mx/2007/05/18/index.php?section=sociedad&article=046n1soc
  2.  Al registrar alrededor de mil muertes en los pasados nueve años.
  3. Tenorio, Mauricio. Contra la idea de México. Revista Nexos Junio 2010. México.
  4. Programa Farandula 40: Sabado 26 de Feb. 2011  MIN: 17, 20  http://www.proyecto40.com.mx/#p=internettv

  5. Foucault, Michel: Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión. México. Siglo XXI Editores.














La Ilustración pertenece a la colección de LeLarve:


“ PANÓPTICO ”
 

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2 comentarios :

anna.s dijo...

Hola Félix, gracias por compartir tu nuevo Blog y este Post de tema muy actual.
Creo que en relación con la homosexualidad y concretamente en el caso de Juan Gabriel, es muy claro que su talento y personalidad superan el ser lo principal en su identidad pública que su propia y abierta homosexualidad.
Mi punto de vista es que nuestra sociedad rechaza la homosexualidad más que a los homosexuales.
Una vez que les pones un nombre y una imagen, se convierten en seres humanos, como lo que son, y como debemos identificarlos siempre.
Saludos...

Alma dijo...

Gracias Felix por compartirme tu escrito.
Mucha razón se lee en tus palabras