"Mother do you think theyll drop the bomb?
mother do you think theyll like this song?
mother do you think theyll try
to break my balls?
mother should i build the wall?
mother should i run for president?
mother should i trust the government?
mother will they put me in the firing line?
mother am i really dying?
hush now baby, baby, dont you cry.
mothers gonna make all your
nightmares come true...."
Terminé la consulta del día de hoy... Bión menciona que la “falta o carencia básica” se vive como un momento muy particular y crítico en el proceso psicoterapéutico. El paciente admite que le hace falta algo en su interior, que “algo” anda mal, que “algo” se descompuso y debe ser reparado. Admite que ese “algo” le hace falta en el interior. Poco a poco percibe que esa carencia que es distinta a estar ante una encrucijada, una crisis vital o conflicto que apremia resolver. Este “algo” progresa y se desarrolla la sensación de que “alguien” les falló o los descuidó. Inicialmente se le adjudica al terapeuta. El paciente se torna demandante de atención, requiere que el terapeuta que esté siempre o continuamente disponible, tiene miedo a que pueda faltarle y genera grave angustia de que pueda fallarle. En este punto tan significativo durante una psicoterapia, el terapeuta toma un papel activo, se humaniza, resignifica y desidealiza la relación entre ambos, establece contacto afectivo y se asume la relación entre dos seres humanos incompletos que reconocen la insatisfacción de su deseo. En mi experiencia, he comprendido, que para observar(se) e integra(se) hay que Ser asumiendo la ausencia. La ausencia del afecto que nos hizo falta durante nuestra crianza. Ello permite aclarar y tomar perspectiva de mis emociones y de aquello que presiento constituye un vacío emocional que busco llenar a través de buscar el afecto faltante en otros. Ser consciente de mi vacío emocional me da las posibilidades de sostenerlo e instalarme en un marco de realidad donde puedo interactuar con otros, haciéndome cargo de mis emociones e individualidad. Traía esto en mente mientras conducía de regreso a casa... Todo fluía. No había tráfico y la música en la radio era apacible. El locutor dijo “es una noche fría cortesía del cuarto frente frío que cubre el norte, el centro y el oriente de la República Mexicana, se mantiene el cielo despejado y temperaturas frías por la mañana y noche con potencial de heladas”. Al escuchar “es una noche fría" me di cuenta que estaba preocupado por mi Santiago, mi paciente, un chico de 16 años con un profundo vacío emocional, el padre ausente durante la mayor parte de su vida y la madre sobreportectora, persecutora y agresivo pasiva. Al día siguiente ambos padres habían decidido que debía regresar a un centro residencial de tratamiento tras dos consumos de cocaína, intuía que el "internamiento" era para los padres una forma de librarse de él. Yo habría de ejecutar el internamiento con los criterios diagnósticos en la mano... Me hizo sentido la frase “potencial de heladas” y sentí enojo contra “los padres” de mis pacientes que acuden a solicitar atención psiquiátrica adictológica y no alcanzan a delimitar el campo de acción e influencia de mi labor. Sin embargo, Yo asumo esa posición al afirmarme como "la autoridad que ( y de) los padres de un consumidor de drogas", me doy como "el parche" a ese vacío... Yo soy la noche fría con el potencial de helarlos (internamiento involuntario)... Para esos padres impotentes Yo soy la costurera psíquica que zurce “hijos a la medida”, pues frecuentemente me hacen demandas como: “Por favor dígale que….”, “Hable con él para…” “A usted sí le hace caso, ¡dígale que haga! o ¡que deje de hacer!…”. Hace algunas semanas, tras una demanda de este tipo, le contesté a la madre de una paciente francamente irritado - ¿¡Yo!? Dígale usted…. Es su hija….- Esta respuesta poco empática le sorprendió y me sorprendió. ¿Cuál es la raíz de este enojo? pues siendo sinceros la mujer me simpatiza, es atenta, culta, educada… ¿qué me hizo reaccionar así?... ¿sentirme explotado?, ¿prestarme a la ejecución de sus deseos sádicos dirigidos a su hija por no cumplir con sus deseos que en su fantasía completarían su falla básica?, ¿la incapacidad de transmitirle las prioridades médico psiquiátricas?, ¿el sentirme invadido… “mangoneado”?... ¿qué pasó?.... ¿Le di voz al paciente o fue mi propia voz?... Analizando la dinámica, hijo (paciente) – Madre – Terapeuta me hace sentido mi agresión, el síntoma cardinal es la angustia. Paciente angustiado – madre angustiada – terapeuta que reacciona ante una supuesta “falta” de gratitud, tornándose inflexible y reivindicativo. Por otra parte, el - “dígale que” - expresa, de una forma pasivo agresiva, angustia, ira, frustracón y un profundo temor de la madre a aproximarse a su hijo. El hijo se siente invadido, “mangoneado” y se opone en silencio a que los otros otros que le han fallado en el pasado vuelvan a decidir por él. El chico se aísla, se esconde para drogarse y permanece en ese horizonte autista y mortifero del goce que son las adicciones que describe Laurent. Entre los participantes predomina la incapacidad para escuchar y comunicarse. La madre muestra una incapacidad para afirmarse como figura de autoridad empática capaz de contener a su hijo. Ella expresa la fantasía implícita de “por favor eduque a mi hijo” y yo la asumo como parte de un Goce. Generalizando, los padres de estos chicos albergan profundos sentimientos de culpa, se sienten explotados y frustrados (ambos sentimientos que también asumí). Esta dinámica genera angustia y frustración que desemboca en francas batallas a muerte, donde el único objetivo es ver quien queda más herido, donde la única salida muchas veces es aniquilarse o separarse. Esto significa una erotización del odio, como decía Borboa, “el problema de las adicciones es un problema de amor mal entendido y hay amores que matan…”. A forma de consideración debemos tener en mente que una relación sana y protectora implica ante todo empezar por observarse a sí mismo. Observar nuestra paternidad implica enfrentarnos al sentimiento de ineficacia y culpa que nos paraliza, hacernos cargo de nuestra vida emocional y por ende de nuestros vacíos. Debemos asumir que estos aspectos tienen gran influencia sobre la formación de nuestros hijos y ante todo debemos reconocer que nuestros hijos conocen nuestras reacciones, emociones y vacíos. Como terapeuta en adicciones se debe observar y reconocer la gran demanda que caracteriza este tipo de dinámicas, sí se provee lo que la familia adicta necesita lo darán por descontado de los honorarios, no hay aplausos ni reconocimiento, y más temprano que tarde nuevamente experimentaran la necesidad insaciable y perpetua de recibir algo como es debido. Si a la familia adicta no se le provee de lo que necesita será por la ineptitud del terapeuta que les falló como aquellos que les fallaron en el pasado. La frontera, sí es que existe, es sumamente tenue. En todo momento se debe de clarificar el rol y las demandas que tienen los miembros de la familia hacia cada uno de los integrantes y de cada uno de ellos hacia el terapeuta. El terapeuta debe afirmarse en una neutralidad técnica permanente y desentrañar constantemente el delirio afectivo que existe en cada interacción que sostiene. Debe tener claridad que los sentimientos de -aprecio y gratitud – le pertenecen al paciente y a sus familiares así como el sentimiento de – estar perdido, futilidad y apatía – el terapeuta debe instalarse de forma flexible, empática y dinámica dentro en un marco de realidad donde pueda interactuar con ellos en claridad de su propia carencia y su individualidad.
“LÍNEA DIRECTA”
TECNICA: Gráfica digital
TAMAÑO: 45x
Papel liberón 300gr.
COSTO: $ 5,
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viernes, 8 de octubre de 2010
Mother am i really dying?
viernes, 24 de septiembre de 2010
A Woman to left lonely. Parte 2.
"A woman left lonely is just a victim of her man, yes she is
when he can't give up his whole world, no she's got to do the best that she can...."
Janis Joplin
Llegó 20 minutos tarde lo cual no es habitual en ella. Guardé silencio. Observé sin expectativa y sin memoria. Janis miraba a través de la ventana recorriendo el atardecer que se apaga entre tonos azul violáceos. La penumbra que inundaba el consultorio hacía notar su rostro aún más pálido. El delineador negro alrededor de sus ojos me daba la impresión de lágrimas negras. Tenía la sensación de que algo estaba muriendo en ese instante. Sin mirarme rasga el silencio y consigna – “me gustan los hombres feos” - y nuevamente se sumerge en el silencio. Yo tenía la sensación de no existir, probablemente si saliera de la habitación ella no lo notaria. Aguardé y minutos después dijo “No me importa que sean feos pero me molesta que mis amigas me lo digan”. Consideré que se trataba de una representación de la construcción devaluada del hombre ó una proyección de si. No dije nada. Terminó el tiempo. Me pregunto ¿Qué son los hombres feos?, ella escribió anteriormente algo que me puede permitir aproximarme a la respuesta: |
jueves, 23 de septiembre de 2010
A Woman to left lonely
"A simple conversation for the new men now and again
Makes a touchy situation when a good face come into your head".
Janis Joplin
A Janis la conocí en la Clínica de Adicciones del Instituto Nacional de Psiquiatría. En aquel momento era una adolescente cautiva entre los renglones de su carnet de citas. Se había acostumbrado a responder las entrevistas diagnósticas estructuradas mientras los residentes aporreaban con furia la máquina de escribir sin siquiera notar su presencia. Sonreía poco, lo que hacía de tez pálida un atardecer lacónico. En la primera cita la observé y guardé silencio. Alzó la cara. Los rasgos finos de su rostro resaltaban una mirada dura, suspicaz, que no temía sostener la tensión y mucho menos el silencio. Sinceramente no recuerdo cómo fue la primera sesión sin embargo el primer acuerdo que tomamos fue ignorar los 7 diagnósticos que lapidaban un grueso expediente que no decía nada de ella. Poco tiempo después retiramos los 4 psicofármacos que simbolizaban la fobia de los 6 psiquiatras que la habían “visto” antes que yo. Ningún cataclismo acaeció al dejar los “chochos” y |
viernes, 13 de agosto de 2010
@define con una frase ¿para ti qué es la depresión? ....
Dedicado a ACHA
…. @Tristeza
La depresión es la ceguera del alma,
el silencio,
la ausencia,
la soledad recalcitrante.
Es sumergirse en un mar de tinta negra y quemarse por dentro.
Es andar sin luz
sin camino
sin final.
Es ser esclavo y torturado dentro de una prisión sin puertas
sin esperanza
sin aliento
sin piel ni huesos.
Es ser Prometeo atado a la piedra de tus pensamientos
sin hambre ni sed
sin vísceras ni deseo.
Es estar muerto y vacío.
Ser un fantasma avergonzado,
observado por todos,
carente de sentido.
Es gritar sin voz,
reptar solo por la madrugada,
conectado sin fe
renunciando a la realización del goce
@Colectivo
Alejandro Salamonovitz escribe:
“La interpretación exitosa es la que permite [….] cambiar la palabra por la poética”.
Al leer esta frase soy conciente de que “sé que se” sin embargo lo que “sé no sé que es”. Es decir, sé lo que dictan las neurociencias sobre la depresión sin embargo al enfrentarme a tal ruptura epistemológica sé que no sé cómo sientes tú la depresión. Parece complicado, pero la psicoterapia se basa en escuchar, reconstruir y remodelar y al percatarme de la necesidad de saber para los otros que es la depresión y comprendí que acto psicoterapéutico completo es escuchar, reconstruir, remodelar e interiorismo (la poética como lo nombra Salamonovitz).
Para abordar el conflicto anterior, planteé la pregunta a través de Twitter y Facebook - define con una frase ¿para ti qué es la depresión? –. Recibí 26 comentarios, los participantes son personas de distinta edad, preferencia sexual, diverso estrato social y ocupación. El común denominador de 22 de los comentarios fue la expresión de displacer y observo que al conceder la palabra existe una manifestación de la función simbólica, es decir la capacidad para expresar la dimensión inconsciente en metáforas. Por estas características, es solamente a través de una voz vertida en una “red social” que hace las veces de sistema psíquico de defensa (sin rostro y sin contacto) que los participantes (d)enuncian y puede dejar aparecer su construcción emocional, incluso como uno de los participantes al expresar curiosidad (¿y tú a que hora duermes?).
Desde esta piedra angular se reconoce así, hermenéuticamente, la existencia de un vínculo entre la escucha (sustituida por “te leo”) y la facilidad para expresar la vivencia de las emociones, la riqueza del imaginario, el “twit” como sustituto de la palabra y “la red” como la expresión de pertenencia.
A este respecto Andrea me preguntó hace poco: “¿qué tipo de cosas se escriben en los historiales médicos? por ejemplo ¿qué se escribe con sólo entrevistar a alguien? es decir, si no hubo ningún tipo de examen del cual se pudieran anotar los resultados, ¿entonces qué se escribe? ¿qué se toma en cuenta para formar parte del historial?”. Andrea es parte de mi “red” y la vivo como una mujer con una gran suspicacia, sensible e intuitiva. Su pregunta me confrontó, ya que en general el acto psiquiátrico suprime la palabra y encuadra la expresión del conflicto interno en criterios diagnósticos - similar a un “check list” de supermercado - sin embargo ¿qué poética le doy como psiquiatra a la experiencia humana “de no sentirse”, de enmudecer, de la asfixia psíquica? ¿Cuántas veces he confundido la depresión con la fatiga, con el enojo ó con un sentimiento irreparable de pérdida? …. No es tarea fácil, ser escucha es ser partícipe de la dimensión inconsciente y las metáforas personales, es como Virgilio que acompaña a Dante a través del infierno - Nadie puede ingresar solo a su infierno pues corre el riesgo de perderse y no volver a encontrarse jamás Para comprometerse con otro es menester conocer tu propio infierno y haberlo reconstruido a través de una poética personal. Los versos arriba transcritos son en su totalidad son los “en respuesta a @arandaymd” y los “… ha comentado tu estado”
La consideración anterior rebasa los planteamientos de la psiquiatría mecanisista positivista que construye el DSM V con síntomas sin voz y patologías para las cuales se empléa el recetario como mecanismo contrafóbico cuando se percibe las brasas del propio malestar. Lo que promueve que finalmente la psiquiatría acabe por anular la dimensión simbólica predominando la dimensión biológica.
En conclusión “la remodelación psíquica” es promover el reconocimiento de las sensaciones para “ayudar” al otro a “familiarizarse” con sus propias emociones. El “interiorismo poético” es quizá “ayudarles” a descubrir el alimento simbólico del que se tiene necesidad.
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