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jueves, 2 de diciembre de 2010

Beroh




”There´s a feeling i get when i look to the west
and my spirit is crying for leaving
in my thoughts i have seen rings of smoke through the trees
and the voices of those who stand looking
Jimmy Page[1]
“Dios no puede amar a nadie menos de lo que se ama así mismo”
Ricardo Blanco


Un supuesto básico está configurado por emociones intensas y de origen primitivo. Por ejemplo, el temor a los depredadores, a la fuerza destructora de la naturaleza, a la ira de Dios ó a las tentaciones de Diablo. Después de 6 años de psicoanálisis aveces me sorprendo considerando la existencia de un Castigo Divino. Como nota preliminar es acertado decir que provengo de una familia cristiana de larga tradición y gran parte de mi formación estuvo cobijada por este credo. En la Iglesia Bautista de la que fui miembro durante mi infancia y hasta la adolescencia me inculcaron que personajes como  los filisteos, babilonios, Judas y los fariseos fueron castigados históricamente y lo serán durante la eternidad y viene a mi memoria el siguiente pasaje bíblico:


"Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida eterna manco, que teniendo dos manos e ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano no muere, y el fuego nunca se apaga."[1]


Desde mi pensamiento infantil, realmente deseaba que los “malos” fueran castigados. Fantaseaba con lagos de azufre hirviendo, cascadas de material radioactivo  y “personas malas” sometidas a  castigos inimaginables. En la adolescencia percibí que el castigo existía no sólo en la otra vida, sino también en esta. Poco a poco me alejaba de los cuentos infantiles y notaba que los seres humanos tenemos la capacidad de amar y odiar al mismo tiempo, de ser generosos y mezquinos, tiernos y violentos. Actualmente sé que para un hombre consciente de la naturaleza humana las ambivalencias que congrega la vida no son una sorpresa. Se debe ser conciente del horror y el ridículo que somos capaces de generar en nuestro mundo psíquico y en el medio que nos rodea.


            Camus[2] dice que “llega siempre un momento en el que hay que elegir entre la contemplación y la acción. Eso se llama hacerse hombre. Esos desgarramientos son espantosos. Pero para un corazón orgulloso no hay término medio. Están Dios o el tiempo, la cruz o la espada. Este mundo tiene un sentido más elevado que sobrepasa sus agitaciones, o nada es cierto salvo esas agitaciones. Hay que vivir con el tiempo y morir con él, o hurtarse a él para una vida más grande”. La búsqueda de la claridad es fundamental aunque se ponga en riesgo la fe, aunque se atente contra los cimientos, aunque “ello me implique la ocasión de caer y llegar íntegro al infierno”. He abandonado los cuentos infantiles que servían para calmar mi angustia nocturna, hoy decido hacerme cargo del  “fuego que no puede ser apagado y del gusano que nunca  muere”.
AMEN


[1] Marcos 9:43, 44, ver también 45-49.
[2] CAMUS, ALBERT, EL MITO DE SÍSIFO. Alianza Editorial, S.A., Madrid, 2008, pp. 98, 99, 112, 113.

3 comentarios :

armadoypeligroso dijo...

Corriendo de uno mismo eh...

Aleks dijo...

Interesante lectura de tus experiencias y aprendizajes en la iglesia bautista cristiana.

DR. FELIX ARANDAY CORTES dijo...

Querido Steven Loaeza no hay como perseguirse la cola para mantenerse en forma. Estimado Monseñor Navarrate gusto saber de ustedes. Ambos un referente de mi vida, saludos y sigan su camino.